lunes, 25 de marzo de 2013

MATHIAS MALZIEU





MATHIAS MALZIEU

(1974- )




Mathias Malzieu nació el 16 de abril de 1974 en Montpellier (Francia). Después de abandonar su intención de convertirse en tenista creó el grupo rock Dionysos, del que es cantante. 



En el año 1996 editaron su primer álbum, “Happening Songs”. Más tarde aparecieron discos como “Haiku” (1999) o “Monsters In Love” (2005).






Como autor literario se inició con el libro de relatos “38 Mini Westerns Avec Des Fantomes” (2002). Su primera novela fue “Maintenant Qu’il Fait Tout Le Temps Nuit Sur Toi” (2005).




Con “La Mecánica Del Corazón” (2007), historia romántica decimonónica con el protagonismo de Jack, un hombre que vive gracias a un reloj de madera, Malzieu consiguió resonancia internacional.








En la novela “La Alargada Sombra Del Amor” (2010) un gigante cubría con su sombra a personas que sufrían pérdidas de seres queridos.




En "Metamorfosis En El Cielo" un acróbata que desea volar conoce a un extraño ser, mitad pájaro, mitad mujer, que le propone un pacto que puede hacer realidad su deseo.











domingo, 24 de marzo de 2013

El ascenso de Chang E a la Luna.


El ascenso de Chang E a la Luna.


Entre las leyendas chinas hay una sobre una diosa que habita en la Luna, acompañada por un conejo, que luce una fisonomía bella y una figura esbelta y siempre mira desde lejos a los seres humanos en la Tierra. Ella es conocida entre los chinos como Chang E y su nombre es sinónimo de la Luna en la literatura.

Volar hacia la Luna

Chang E fue la esposa de Yi, un famoso arquero. Un día, cuando Yi cazaba en la montaña, encontró por primera vez a Chang E debajo de un laurel. Enamorados a primera vista, ambos decidieron contraer matrimonio con el árbol como casamentero. Después de la boda, la pareja compartió una vida tan feliz que el esposo deseaba vivir así para siempre, por lo que fue a ver a la suprema diosa del cielo, quien le regaló el elíxir de la vida eterna. La diosa le advirtió a Yi que la porción del elíxir era suficiente para que dos personas fueran inmortales y que si una sola lo tomaba completo, podría volar al cielo y convertirse en un dios.

Después de regresar a casa, Yi dejó que su esposa conservara la poción. Sin embargo, aprovechando la ausencia del marido, un alumno suyo, Peng Meng, trató de robar el brebaje y peleó con Chang E. Incapaz de resistir al intruso, la joven sacó el elíxir y lo bebió. Inmediatamente su cuerpo se hizo tan ligero que se separó del suelo y voló al cielo. Deseosa de estar lo más cerca posible de la Tierra, la joven paró finalmente en la Luna.

Según otra versión de la leyenda, para convertirse en diosa, Chang E tomó sola el elíxir cuando Yi salió a cazar y voló hasta la Luna. Sin embargo, en el palacio lunar la joven llevaba una vida vacía y solitaria, sin ninguna compañía. Arrepentida, la mujer se convirtió en una rana blanca que se dedicó a la elaboración de medicinas.

En todas las versiones de la leyenda, Chang E se transforma en una diosa a partir de un ser humano. Su imagen bailando con las mangas largas representa la belleza femenina oriental. Es una diosa, pero con sentimientos humanos, que se ha granjeado el afecto de los chinos.

viernes, 22 de marzo de 2013

Garabato y la Luna



El gato Garabato -que duerme en un zapato- salía cada noche al tejado a mirar la Luna.

La miraba durante mucho, mucho rato. La contemplaba casi sin pestañear. La observaba detenidamente intentando adivinar cómo sería vivir en ella y pasear por allá arriba.

Y pensaba Garabato -ronroneando en su zapato- que, tal vez, quizás, a lo mejor, podría ir hasta la Luna y saciar su curiosidad.

-Mañana mismo probaré dando un graaaan salto -decidió una noche y al día siguiente subió al tejado más alto que encontró, miró fijamente a la Luna, calculó la dirección, tomó impulso y saltó. Durante un rato Garabato subió, y subió, y siguió subiendo y luego cayó, y cayó, y siguió cayendo hasta acabar en medio de un enorme charco.

-Quizás sea mejor ir volando -se dijo- mañana probaré con globos -. Y a la noche siguiente Garabato infló diez globos rojos, se los ató bien atados a la cintura y comenzó a subir, y a subir, y a subir.

Y siguió subiendo mucho rato hasta que una ráfaga de viento lo llevó hasta un pararrayos y ¡BUM! ¡BUM! ¡BUM! Uno tras otro fueron explotando todos los globos y Garabato se quedó sobre el tejado con cara de tonto.

Durante varios días Garabato siguió intentando ir a la Luna: lanzándose con un gran tirachinas, agarrándose a un avión, construyéndose un cohete y hasta con una escoba que nunca voló. Nada de eso funcionó y Garabato triste, muy triste, finalmente, se rindió.

Una fría noche de invierno Garabato preguntó a la Luna:

-Ya que yo no puedo subir… ¿No podrías bajar tú?

Y justo en ese momento se puso a nevar y, en muy poco tiempo, se quedó todo blanco, blanquísimo, tan blanco como la Luna y Garabato, que nunca había visto la nieve, creyó que la Luna estaba bajando a la Tierra.

¡Qué maravilla! ¡Qué preciosidad! La Luna era justo como se había imaginado: blandita, fría y blanca. Garabato paseó, saltó, correteó, y cuando se cansó volvió a su zapato, se ovilló y se quedó dormido con una enorme sonrisa y con la Luna soñó.

Fin

Fuente: Garabato y la LunaDolores Espinosa, escritora española. Cuentos infantiles.

jueves, 21 de marzo de 2013

El éxtasis de Gabriel



Tras varios meses de espera, el profesor Gabriel Emerson y Julia Mitchell, su alumna, acaban consumando su amor e inician una apasionada relación en la clandestinidad. Apartados del mundo durante unas románticas vacaciones en Italia, Gabriel la instruye en las delicias del cuerpo y en el éxtasis de la sensualidad. Pero a su regreso, su felicidad se ve amenazada por las estrictas normas académicas y por una ex amante celosa. Tras ser descubiertos, el consejo universitario exonera a la joven de toda responsabilidad, con la única condición de que no vuelva a tener contacto con el profesor hasta que se gradúe… ¿Volverán a caer en la tentación? El éxtasis de Gabriel (El infierno de Gabriel, #2)El éxtasis de Gabriel by Sylvain Reynard
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La Luna y el Lucero de la mañana

Según se sabe, la luna se forma por dos niños de ambos sexos.
Existía una familia con dos hijos; pero la madre no los quería porque se daban cuenta de lo que ella hacía con otros hombres. Hacía lo que se le vení­a en gana, pues su esposo no estaba con ella durante el día, ya que tenía que cazar animales.
Al regresar de la cacería  la señora le daba malos informes de sus hijos diciéndole que durante el dí­a no la obedecí­an en lo que les mandaba. El esposo regañaba a sus hijos.
Un dí­a, al anochecer, la señora le propuso que al dí­a siguiente los llevara a perder a la montaña; que ella les prepararí­a un poco de alimento. El señor estuvo de acuerdo, pues desconocí­a el plan de la esposa; pero los niños, que estaban atentos a lo que platicaban sus padres, alistaron, al amanecer, una bolsa de ceniza, mientras la madre les preparaba su lonche. Cuando la madre tuvo todo listo, el padre salió de cacerí­a con sus hijos.
Al llegar a la montaña, el padre dijo a sus hijos que se quedaran en medio de la montaña mientras iba en busca de rastros de venados. Los niños, desde que salieron de su casa, empezaron a regar la ceniza que llevaban, hasta llegar a la montaña. Cuando el padre calculó que los niños se habí­an perdido ya, regresó a su casa.
Al caer la noche, los padres comentaban que jamás volverí­an a ver a sus hijos. Pero, al poco rato de terminada la plática, los niños llegaron a su casa, diciendo:
Ya llegamos, mamá.
Los padres no cabí­an en sí­ de sorpresa y, al dí­a siguiente, prepararon nuevamente el lonche para llevarlos, una vez más, a la montaña. Los niños alistaron otra vez su bolsa de ceniza; pero como los llevaron más lejos, la ceniza no les rindió.
Por fin, los niños se perdieron. Al caer la noche, subieron a un árbol llamado "higuera" para no ser devorados por los animales. Al amanecer, descendieron del árbol y siguieron caminando. En el camino se encontraron con el señor San Jorge, quien preguntó a los niños qué buscaban. Le contaron lo sucedido. La niña comentó:
Somos huérfanos porque mi padre nos perdió y ahora no tenemos qué comer ni sabemos dónde estamos.
El señor les aconsejó:
Váyanse por este camino, pero sin tocar ninguna fruta.
Les dijo, también, que fueran donde se encuentra el dios sol.
Los niños obedecieron. Al amanecer llegaron al lugar señalado, sin tocar ninguna fruta. A los niños les dieron un cargo: que la niña se convirtiera en luna y, su hermanito, en la estrella mas grande que existe: el lucero de la mañana.



Fuente: CONACULTA/DGCP. 2000. Cuentos totonacos. Antología. Colec. Letras indígenas contemporáneas, pp. 27-28.

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